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La industria petrolera en el año de impacto del COVID

El 2020 arrancó con una gestión de Energía que no hizo pie en el primer tramo del mandato y que luego buscó consensos dentro de la industria.

El 2020 comienza a despedirse y durante su transcurso el gobierno nacional mostró en el sector energético al menos dos caras. Lo cierto es que, apenas asumió, la gestión de Alberto Fernández buscó encarrilar la negociación de la deuda privada y enseguida recibió el embate del COVID-19.

Ese contexto le dio paso a una ausencia de señales sobre la política energética en medio del torbellino que daba de lleno a escala global en el sector petrolero. Argentina le agregó a eso un ingrediente propio: una falta de conducción inicial del sector energético, que encarriló sobre el último tramo del año, tras la modificación de la estructura que terminó encabezando el actual secretario Darío Martínez.

Con todo, hay algunos momentos, las fotos de mayor peso, que dan el tenor de lo que buscó el gobierno en el sector energético en el primer año.

El barril criollo, o el precio sostén del crudo fue un primer momento de definiciones que quedaron plasmadas en los artículos y en el contenido político del decreto 488/20.

Esa normativa, que generó tensiones entre las refinadoras y las productoras no integradas (aquellas que no refinan su crudo), fijó una escala de retenciones nula para los valores actuales del Brent y abrió una veta para el crudo de Vaca Muerta. Por fuera del intento de apuntalar las economías de provincias productoras vía regalías, la salida al mundo del shale oil en el peor momento del petróleo en la historia, es la antesala de un debate de estos días: qué tipo de chances y políticas generará el gobierno junto a la industria para transitar la tan mentada senda exportadora.

La etapa previa al COVID-19 había estado caracterizada por una señal cuestionada desde el sector energético: el freno, por ley, en un contexto de derrumbe económico y creciente pobreza, de las tarifas de gas y electricidad. Una definición que seguirá al menos por otros tres meses, tal como fue ratificado días atrás.

Las medidas contrapuestas entre el Gobierno, sus varias expresiones, la Secretaría de Energía durante el mandato de Sergio Lanziani, que tuvo un magro y opaco paso por esa cartera, y por momentos el oficialismo en el Senado, fueron un motor de incertidumbre en un sector que desde el gobierno anterior venía reclamando “reglas claras” , y que había sido una usina de inversiones, al menos en Vaca Muerta.

Este gobierno busca generar la estabilidad y las reglas claras que necesitan las inversiones del sector petrolero". Alberto Fernández, Presidente de la Nación.

Vaca Muerta puede ayudar al país a descomprimir los problemas de la restricción macreconómica". Omar Gutiérrez, Gobernador de Neuquén.

Hay una gran oportunidad para el petróleo: retenciones a la baja y un precio en torno a los 50/60 dólares". Darío Martínez, Secretario de Energía de la Nación.

En agosto pasado Energía pasó bajo la órbita del ministerio de Economía, conducido por Martín Guzmán, junto con la designación de Martínez en ese ámbito. Ese movimiento enfatizó la importancia en el balance macroeconómico que le adjudica el gobierno a la industria del petróleo y el gas, y al mismo tiempo permitió los acercamientos más claros, protagonizados en un raid inicial por el propio Martínez y refrendados luego en reuniones con los principales CEO del sector por el propio Presidente.

De hecho, Fernández anunció en octubre en Vaca Muerta el Plan Gas.Ar. Garantizó una parte sustancial de la producción de gas para los próximos cuatro años, si bien se necesitarán cupos adicionales para el invierno. Hacia delante dos desafíos: la posible presión del precio del crudo en los combustibles, y la ley para incentivar exportaciones de petróleo.

En el último mes del 2020, el gobierno de Alberto Fernández optó por prorrogar otros 90 días el actual escenario de tarifas planchadas. La definición había llegado dentro del paquete de la ley de emergencia económica, primera definición legislativa del actual ciclo del gobierno nacional.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, había planteado como definición subir los subsidios del sector a valores constantes respecto del PBI el próximo año. La Secretaría de Energía inició en la última quincena un cruzamiento de bases de datos entre diferentes organismos del Estado: busca subsidiar a quienes en rigor no podrían asumir los nuevos incrementos tarifarios.

El año político en ciernes, con todo, plantea interrogantes acerca de un andamiaje sostenible en materia tarifaria a la salida de la pandemia del coronavirus.

Como sea, será sustancial si lo que quiere el Gobierno es salir del atolladero de la falta de inversiones en un sector que puede ser clave para la economía nacional.

Fue uno de los principales desafíos del 2020: ¿Cómo haría el país para encontrar consensos que garantizaran la producción del 2021? Llevó nueve meses. Pero, finalmente, a mediados de este mes, el gobierno nacional otorgó los cupos de producción de gas para los próximos cuatro años para el bloque base a 16 oferentes. La medida, con todo, todavía no cubrió la producción del pico de invierno que necesitará el país.

En este contexto, Nación espera el final de la negociación de la adenda con Bolivia. El paso siguiente será poner en marcha a un plan B: podría ser una nueva licitación, o planificar más importaciones de gas licuado, algo que de todos modos pensaba hacer.

El Plan Gas.Ar demandó nueve meses de negociaciones. La garantía de precios, un subsidio aplicado a tarifas, implicará el pago de hasta 1,20 dólares por sobre el promedio de precios de las últimas subastas del gas de generación eléctrica, en torno a los 2,50 dólares. Nación tiene el desafío de solventar el pago para generar confianza a futuro.

En mayo, Nación dio a conocer el decreto 488/20. Luego de tres meses cortó por lo sano ante la falta de acuerdo entre productoras y refinadoras no integradas. Estas últimas buscaban hacer valer el precio internacional, entonces debajo de u$s 45 por cada barril que fijaba el valor en el mercado interno.

Para provincias productoras, sobre todo para Neuquén, era un instrumento que apuntalaba la drástica caída de las regalías, en medio del derrumbe de la producción interna. Fue una puja hacia el interior de la industria, por el reparto de costos en la crisis.

En agosto quedó sin efecto: durante diez días, el Brent fue mayor al techo que fijaba el decreto y, en consecuencia, el mercado se volvió a regir por el valor internacional. La Secretaría de Energía quiso volver a reflotarlo, pero no contó con el respaldo de toda la Ofephi, algo que quería Nación para evitar tensiones.

Una medida adicional del decreto fue importante: las retenciones a la baja que estimularon las exportaciones de crudo.

En julio, en medio de la negociación del Plan Gas.Ar, cuando la Secretaría de Energía estaba bajo el ala del Ministerio de Producción (hoy está en Economía), el Gobierno buscó dar una primera señal: iniciar el pago de una megamillonaria deuda con las empresas productoras de gas. Ese monto llega a $24.500 millones y estaba previsto pagarlo en 24 cuotas.

Las obligaciones más inquietantes corresponden a privados (las distribuidoras de gas ante las productoras) y la deuda se estatizó mediante el decreto 1053/2018, del entonces gobierno de Mauricio Macri. Ese pago quedó sin efecto: el Senado, a instancias del kirchnerismo, no convalidó esa cancelación, algo que generó turbulencias en medio de las negociaciones del nuevo plan estímulo a la producción.

Ese precedente forma parte de lo que aparecía como mensajes contrapuestos en un momento en que el país tenía atravesaba el peor momento del año del frente macroeconómico, con una incipiente escalada del dólar y la necesidad de garantizar el gas para el 2021.

Momentos críticos: de la caída de la demanda a pensar en clave exportadora

  •  Del cero al récord. La caída en la actividad se expresó en el número de fracturas de abril, cuando hubo cero, el mes más duro de la cuarentena. Pero en noviembre, repuntaron hasta 545, el récord del año.

  • Estaciones vacías. El desplome de la demanda les dio un severo golpe a las estaciones de servicio. CECHA indicó que, a la fecha, si bien hubo una reactivación, no se recuperan los niveles prepandemia de ventas y que muchas pymes trabajaron a pérdida. Al principio tuvieron que reclamar estar dentro del ATP.

  • El primer secretario. Sergio Lanziani pasó desapercibido de las grandes decisiones de Energía, cartera que dirigió desde el comienzo del mandato de Alberto Fernández. El Gobierno lo desplazó por Darío Martínez y pasó la Secretaría de Desarrollo Productivo a Economía.

  • Medanito “for export”. La pandemia llevó a que el petróleo de la Cuenca Neuquina, en rigor un blend con el shale oil de Vaca Muerta, pudiera salir al exterior. Empresas como Shell, Equinor, Pampa Energía y Vista pudieron colocar su crudo afuera.

  • Refinerías en crisis. Al igual que en otras partes del mundo, las refinerías y centros de almacenamiento de crudo del país tuvieron una crisis de stock que no podían vender. Las exportaciones les dieron un alivio, además de los recortes en Vaca Muerta, y trabajaron a demanda.

Fuente:

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